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¿Tienes pérdidas de memoria?

Con la edad, nuestro cerebro va cambiando y es normal que algunas funciones, como la memoria, sufran un cierto grado de deterioro. El problema es que algunas condiciones neurodegenerativas muy graves también se caracterizan, sobre todo en sus primeras etapas, por problemas de esta naturaleza; por ello, es fundamental saber distinguir el proceso normal del patológico para poder abordar este último si se estuviese produciendo.

Lo habitual con la edad

Como señalan los psicólogos Oliver Baumann y Cindy Jones en el medio The Conversation, nuestro sistema de memoria está construido de un modo en el que un cierto grado de olvidos es normal. Y esto no es un fallo, sino un rasgo; mantener recuerdos supone un esfuerzo para el metabolismo y ralentiza la recuperación de esa información cuando es necesaria, por lo que nuestro cerebro ha evolucionado para economizar en este sentido.

Y esto significa que no siempre somos nosotros los que escogemos qué información merece ser recordada. Por ejemplo, nuestro cerebro suele preferir retener información social, como un cotilleo en nuestro lugar de trabajo, y descartar información abstracta (como un número de teléfono).

Sin embargo, el criterio clave para determinar cuando la pérdida de memoria constituye en problema significativo es que interfiera de manera importante en la vida diaria. Por ejemplo, no debe ser un motivo de gran preocupación no recordar exactamente el camino a un sitio al que no vamos habitualmente; pero sí si olvidamos dónde deberíamos estar, o si olvidamos que estamos tras el volante o cómo se conduce. En este caso, es importante investigar la situación más allá.

Deterioro cognitivo leve

Entre el deterioro normal de la memoria propio de la edad y las condiciones neurodegenerativas como la demencia está el deterioro cognitivo leve. Puede darse en diversos grados y puede empeorar, mejorar o mantenerse estable.

Debe tenerse en cuenta, no obstante, que el deterioro cognitivo nos sitúa en un mayor riesgo de padecer demencia que la población normal (entre tres y cuatro veces más riesgo). Entre un 10 y un 15% de las personas con deterioro cognitivo desarrollan demencia cada año.

Esta condición comienza a afectar la vida diaria, y puede acompañarse de deterioro en áreas como el lenguaje, el pensamiento o la toma de decisiones. El diagnóstico de esta condición puede resultar preocupante y difícil de asumir para el paciente, pero también es la puerta a la búsqueda de posibles tratamientos para la demencia y la adopción de hábitos vitales que prevengan o ralenticen la progresión.

Primeros síntomas de la demencia

Los primeros signos de la demencia y el alzhéimer pueden ser difíciles de distinguir del deterioro cognitivo leve que a menudo precede al alzhéimer. Un marcador relativamente fiable se considera que son las dificultades en la orientación y la navegación, ya que algunos estudios han mostrado que las áreas del cerebro relacionadas con el razonamiento espacial son de las primeras en verse afectadas en las condiciones neurodegenerativas.

De hecho, en la actualidad los científicos están trabajando en el desarrollo de test estandarizados que puedan medir el deterioro funcional en este área, de tal manera que este criterio pueda trasladarse a la clínica. Sin embargo, a día de hoy no hay ningún modelo que haya terminado de establecerse en este sentido.

Aún así, sí que se puede afirmar que encontrarse perdido al desplazarse, si sucede considerablemente a menudo, puede considerarse un buen motivo para solicitar una evaluación neurológica que pueda determinar el grado y la naturaleza de nuestro posible deterioro en la memoria.

¿Tienes pérdidas de memoria?

Con la edad, nuestro cerebro va cambiando y es normal que algunas funciones, como la memoria, sufran un cierto grado de deterioro. El problema es que algunas condiciones neurodegenerativas muy graves también se caracterizan, sobre todo en sus primeras etapas, por problemas de esta naturaleza; por ello, es fundamental saber distinguir el proceso normal del patológico para poder abordar este último si se estuviese produciendo.

Lo habitual con la edad

Como señalan los psicólogos Oliver Baumann y Cindy Jones en el medio The Conversation, nuestro sistema de memoria está construido de un modo en el que un cierto grado de olvidos es normal. Y esto no es un fallo, sino un rasgo; mantener recuerdos supone un esfuerzo para el metabolismo y ralentiza la recuperación de esa información cuando es necesaria, por lo que nuestro cerebro ha evolucionado para economizar en este sentido.

Y esto significa que no siempre somos nosotros los que escogemos qué información merece ser recordada. Por ejemplo, nuestro cerebro suele preferir retener información social, como un cotilleo en nuestro lugar de trabajo, y descartar información abstracta (como un número de teléfono).

Sin embargo, el criterio clave para determinar cuando la pérdida de memoria constituye en problema significativo es que interfiera de manera importante en la vida diaria. Por ejemplo, no debe ser un motivo de gran preocupación no recordar exactamente el camino a un sitio al que no vamos habitualmente; pero sí si olvidamos dónde deberíamos estar, o si olvidamos que estamos tras el volante o cómo se conduce. En este caso, es importante investigar la situación más allá.

Deterioro cognitivo leve

Entre el deterioro normal de la memoria propio de la edad y las condiciones neurodegenerativas como la demencia está el deterioro cognitivo leve. Puede darse en diversos grados y puede empeorar, mejorar o mantenerse estable.

Debe tenerse en cuenta, no obstante, que el deterioro cognitivo nos sitúa en un mayor riesgo de padecer demencia que la población normal (entre tres y cuatro veces más riesgo). Entre un 10 y un 15% de las personas con deterioro cognitivo desarrollan demencia cada año.

Esta condición comienza a afectar la vida diaria, y puede acompañarse de deterioro en áreas como el lenguaje, el pensamiento o la toma de decisiones. El diagnóstico de esta condición puede resultar preocupante y difícil de asumir para el paciente, pero también es la puerta a la búsqueda de posibles tratamientos para la demencia y la adopción de hábitos vitales que prevengan o ralenticen la progresión.

Primeros síntomas de la demencia

Los primeros signos de la demencia y el alzhéimer pueden ser difíciles de distinguir del deterioro cognitivo leve que a menudo precede al alzhéimer. Un marcador relativamente fiable se considera que son las dificultades en la orientación y la navegación, ya que algunos estudios han mostrado que las áreas del cerebro relacionadas con el razonamiento espacial son de las primeras en verse afectadas en las condiciones neurodegenerativas.

De hecho, en la actualidad los científicos están trabajando en el desarrollo de test estandarizados que puedan medir el deterioro funcional en este área, de tal manera que este criterio pueda trasladarse a la clínica. Sin embargo, a día de hoy no hay ningún modelo que haya terminado de establecerse en este sentido.

Aún así, sí que se puede afirmar que encontrarse perdido al desplazarse, si sucede considerablemente a menudo, puede considerarse un buen motivo para solicitar una evaluación neurológica que pueda determinar el grado y la naturaleza de nuestro posible deterioro en la memoria.